La gente dice que “no sabemos de lo que somos capaces de hacer hasta que lo intentamos”. Pero lo cierto es que no conocemos nuestras capacidades hasta que probamos una y otra vez. A menudo renunciamos a nuestros sueños con demasiada facilidad. Se nos ocurre una idea, intentamos hacerla realidad pero nos damos por vencidos ante el primer obstáculo que se presenta. Como estamos incómodos con sentimientos como la decepción y la vergüenza, preferimos centrar nuestra atención en algo más seguro y cotidiano. Aunque no estés haciendo el progreso que te gustaría hacer, ¡no te rindas!