Dondequiera que vayamos, nos encontramos con gente que tiene mucho que decir. Tienen una explicación para todo y están llenos de promesas. No es de extrañar que caigamos en su trampa y pensemos que realmente saben de lo que están hablando. Sin embargo las acciones valen más que mil palabras y, a veces, son muy silenciosas. Sólo es posible oírlas mucho tiempo después de que hayan tenido lugar y, cuando al mismo tiempo se están pronunciando palabras engañosas, es fácil que éstas nos engañen. Hoy concéntrate en lo que veas y no en lo que oigas.