Si escuchases una de esas horribles llamadas telefónicas automáticas que te dicen que te ha tocado un premio, ¿qué pensarías si oyeras que han sacado tu nombre del sombrero y que has sido agraciada con una provisión inagotable de problemas? Debe ser un premio de pesadilla. Sin embargo, lo cierto es que nuestros problemas son premios. De no ser por los problemas y los desafíos la vida sería un juego mortalmente aburrido. No temas reemplazar una vieja dificultad por una nueva. Más que ser un motivo de preocupación, esconde una gotita de alegría.