Las conversaciones más reveladoras suelen ser las que mantenemos con gente que no conocemos de nada. El anonimato nos permite acercarnos a temas que normalmente enterramos o de los que huimos. Si hoy tuvieras una conversación así, lo más seguro es que te verías obligada a reconocer que la ansiedad que te causó un asunto sin importancia te ha llevado a pasar por alto otra cosa que, en realidad, es mucho más importante. Probablemente esa persona admitiría lo mismo. Tenga o no lugar un intercambio de estas características, intenta no tomarte tus ansiedades tan en serio.