Nos dicen que el precio del éxito es trabajar duro. Pero, ¿es eso cierto? ¿O no es más que una fantasía compensatoria que se perpetúa para indemnizarnos por la desgracia de trabajar tanto? ¿Son los avances tecnológicos intrínsecamente malos? ¿Es que no deberíamos tomar nunca un atajo? ¡Pues claro que deberíamos tomarlo! Por las malas no es la única manera y dedicarnos piadosamente nada más que a nuestro trabajo equivale a pegarnos un metafórico tiro en el pie. Algunas veces lo sencillo puede ser bello – hoy espera ver alguna prueba de ello.