Todos tenemos la culpa de permitir que nuestros temores se apoderen de nosotros. Todos podemos ser un poco paranoicos o estar algo deprimirnos y retirarnos del mundo durante un tiempo. Sin embargo, tarde o temprano el nubarrón de la negatividad se levanta – tal y como hace siempre – y somos conscientes de que volvemos a ver el aspecto más positivo de las cosas. La vida vale muy poco si no podemos disfrutar de ella y, si permitimos que alguien nos prive de la alegría, corremos el riesgo de perder nuestro equilibrio. Céntrate en lo mucho que tienes que celebrar y entonces todo lo demás será posible.