Cuando nos parece que no estamos cumpliendo las expectativas de alguien, es fácil que nos sintamos incómodos y compungidos. Evitamos tropezar con cualquiera que pueda curiosear más de la cuenta y realizamos toda clase de acrobacias verbales para alejarnos a saltos de las preguntas incómodas. O sacamos pecho y salimos del apuro mediante un encendido relato de nuestro progreso. Nos cuesta trabajo admitir que no hemos hecho algo – incluso cuando muy en el fondo sospechamos que no es necesario. Hoy puedes tener confianza en tus decisiones.