El otro día estuve viendo con mi hijo la memorable película “El mago de Oz”. Ha resistido muy bien el paso del tiempo. ¿Te acuerdas del Hombre de Hojalata, que quería un corazón porque no sabía que ya tenía uno? Hacia el final de la película es evidente que siempre había estado lleno de profundos sentimientos. De algún modo se las había arreglado para mantenerlos bajo llave. Todos tenemos dones que no reconocemos. Luego cambia algo y podemos comprendernos con una nueva perspectiva. Hoy no pases por alto tu talento.