No hace tanto tiempo, otras normas sociales lo dominaban todo. Hablábamos con educación y respeto, en especial a nuestros superiores. Pronunciábamos correctamente. Respetábamos a las figuras de autoridad. Caminábamos con sofisticados bastones de marfil, hacíamos reverencias y escribíamos en caligrafía. Entonces todo cambió. Es indudable que la libertad de expresión ha cambiado nuestro mundo para mejor. Pero, a pesar de eso, hay límites no se deberían cruzar nunca. Este fin de semana no dejes que nadie te empuje a hacer algo que tú no quieras hacer.