Si quieres marcharte, nadie te lo va a impedir. Es tu decisión. Nadie va a montar una escena o a rogarte que te quedes. Tampoco nadie juzgará tu decisión. De hecho, es probable que les sorprenda que te hayas quedado tanto tiempo. Sin embargo, sabes en el fondo que rendirte no es una opción. Entiendes el valor del compromiso y estás a punto de recibir pruebas de que vas por buen camino. Este es un raro caso en el que el deber está trabajando a tu favor. No todos los sacrificios implican renunciar a algo.