¿Cómo es posible hablar tanto y comunicar tan poco? Al parecer, nosotros, los seres humanos, hemos llegado a dominar la capacidad de ser imprecisos. Y muchas veces las palabras más vitales son las que acaban siendo acalladas – protegidas por unos cuantos privilegiados a expensas de la mayoría. Pero eso no significa que los que guardan secretos lo tengan fácil. Aferrarse a esa clase de información termina convirtiéndose en una carga. Parece que la total divulgación es hoy lo más conveniente para todos los involucrados.