Los gimnasios siempre me han parecido un contrasentido. La gente corre o pedalea kilómetros y más kilómetros sin ir a ninguna parte. Luego están tan acalorados que necesitan aire acondicionado para refrescarse. Se emplean enormes cantidades de electricidad para alimentar máquinas que, de estar conectadas de otra forma, ¡ellas mismas podrían generar energía! Todo ello parece un poco ilógico. En algún lugar de tu mundo, ahora algo parece ridículo. Sin embargo, si este fin de semana lo miras desde otro ángulo, tendrá completo sentido.